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¡Que se muera la democracia! (Juan Galo)

  Artículo  de Juan Galo:   ¿Qué ocurre? ¿Qué nos pasa? ¿Qué delirante pandemia mental infecta al intelecto social? ¿Tan inmaduros estamo...


 Artículo  de Juan Galo:

  ¿Qué ocurre? ¿Qué nos pasa? ¿Qué delirante pandemia mental infecta al intelecto social? ¿Tan inmaduros estamos que no vemos la putrefacción de un puñado de indeseables que en nombre de un dios llamado Dinero, imponen con su avaricia un mundo artificial lleno de ego sin aparente vacuna para extenderse como la peste?
¿Tan grande es la manipulación que nos ciega inconscientemente?

Coartan la libertad, amordazan la libre expresión, saquean los derechos civiles, destruyen la ética, mancillan el futuro de la juventud, convierten sanidad en negocio, condenan la vejez al ostracismo, precarizan de por sí un mediocre empleo abaratando el despido en la misma proporción que los salarios, mientras aumentan los impuestos y con ellos la carestía de vida para una engañada y dividida sociedad a la que desfalcan impunemente malversando el caudal público, gracias a la endémica corrupción que sin control crece tras utilizar a la política para enriquecerse, mientras el pueblo, privado de educación, se embrutece alejándose de la fuerza de la unión que neutralice tanto delito, mentira y traición a las urnas. ¿Y aún así permanecemos impasibles?

Más preocupados por sobrevivir que vivir y al amparo de la más extrema individualidad, esta claro que nada nos importa a juzgar por los hechos consumados, ya que el actual declive social que hipoteca el futuro para mantener el presente, parece no ser suficiente penuria para provocar la reacción de las masas, que lejos de la sensibilidad natural, es deshumanizada artificialmente para indecente ingratitud al sudor empeñado y la sangre derramada por nuestros ancestros para tener lo que ahora perdemos impávidos, resignados, cobardes a tomar las calles mil veces mil para alzar la voz una y otra vez, aceptando en su lugar por ciego defecto la infamia sin ni siquiera cuestionarla. Y así el resultado no puede ser otro que el regreso del totalitarismo de otros tiempos, que hoy resurgido y radicalizado con la fuerza del odio, regresa para destruir los cimientos soberanos de las naciones bajo la inmoral indiferencia de gobiernos e instituciones, sin duda convertidos en sucursales empresariales de un aberrante grupo matriz que detesta las viejas prácticas en su repudio hacia toda idiosincrasia.

Y así progresamos involucionando: empeñados en despreciar el sabio camino de la historia que con suma claridad muestra el coherente sentido común de la experiencia que impida cometer los errores del pasado. Pero no aprendemos, porque nos empeñamos en encasillar a un lado u otro ideológico la justicia, igualdad y fraternidad según el interés político de quienes nos mienten sistemáticamente para anular el buen rumbo que a la sociedad lleve a buen puerto, y que sin remedio, sume en la ignorancia a una patética sociedad abierta a la necedad como válvula de escape de una oscura realidad, tras confiar engañados la solución de los problemas a una decrépita política sin vocación pública ganada con falacia, demagogia y falsas promesas carentes de nula base ideológica, del todo vendida al fácil y alegal como inmoral enriquecimiento a costa de un ciego, mudo y sordo pueblo vacilante, temeroso, sumiso, sin comprender la manifiesta indiferencia social de todo gobierno, ¡cualquier gobierno!, supeditado por las buenas o las malas al vasallaje oligárquico.


Mientras no abramos los ojos en favor de la conciencia y detrimento de la banalidad desterrando el tirajo pensamiento impuesto que a la sociedad aborrega, seguiremos bajo la podrida influencia de una pendenciera ingeniera social, cuya doctrina fomenta la apatía que nos aísla y destruye para alimentar a un obsoleto sistema diseñado para beneficio de una detestable minoría, que aborrece a una inmensa mayoría cada vez más desintegrada y al borde del colapso con el veneno de la deuda.

No caben disculpas. El pueblo; en defensa de su cómodo estilo de vida repleto de una vanidad innecesaria para vivir, es culpable de sobrevivir obstaculizando su adecuado porvenir tras dar la bienvenida al venidero gobierno, economía y pensamiento únicos que con paranoico dogma y desde algún secreto lugar, extermine sin oposición toda índole propia de una sociedad que sin argumentos ni conocimiento tan solo sabe criticar, enjuiciar y censurar a los demás, y que en vez de preocuparse por mejorar el futuro de sus hijos, malgasta su presente en adorar productos de factoría televisiva compuesta por vagos e ignorantes elevados a los altares.
¡Qué vergüenza!

¿Que nos queda si perdemos la ética, los valores, la educación? ¿Donde queda la dignidad de un pueblo cuando alegremente permite ser despojado de sus derechos y soberanía, más aún historia e idiosincrasia?
Debemos admitirlo: ¡odiamos la democracia!, porque preferimos ser esclavos de opresores con manos libres para hacer cuanto en gana les venga en pro de su deleznable beneficio.

No puede por tanto haber futuro si el pueblo olvida que es la ciudadanía y no la política quien defiende sus derechos. Nos negamos a entender que la degeneración sembrada hoy, nos lleva al derrumbe de la esperanza por un futuro mejor gracias a falsos pretextos insertados en la sociedad, que tan solo sirven para aumentar la cuota de poder de los mercados ante la pasividad colectiva, en contra de crecientes legiones oprimidas con los derechos secuestrados por enfermos económicos con vía libre para redistribuir la pobreza, en vez de repartir la riqueza.

Cúmplase pues el sueño de la humanidad: ¡que se muera la democracia!, para victoria de la más alta jerarquía fáctica cuando sin duda llegue el impúdico momento en el que lo público desaparezca en favor de un minúsculo grupo de lunáticos, que por encima de gobiernos feudatarios, controlen los designios de un mundo gobernado por el arrogante Fondo Monetario Internacional, el traidor Banco Central europeo y la infame Reserva Federal norteamericana dirigida por dioses con pies de barro, mientras el pueblo, entretenido entre idealismo divisorio y teología excluyente, es deliberadamente conducido a lo efímero, inútil e intrascendente en aras de la suprema sandez y supina vulgaridad, rumbo a la más burda ignorancia subyugada a una tan repugnante como abominable globalización que sistemáticamente viola los derechos humanos, sociales y civiles que tanto aborrece, y que tan poco importa a una tan interesada como inepta ONU controlada por los cinco mayores vendedores de armas del planeta.

Por ello: lejos del pesimismo y más cerca del realismo, solo queda esperar a que las tornas se inviertan cuando despierte la conciencia en detrimento del cáncer depredador que a nuestra naturaleza corresponde. Será entonces cuando al menos yo, vuelva a creer en las maravillosas capacidades de esta extraordinaria raza nuestra que al igual que lo peor, es capaz de lo mejor cuando un bien común nos une. Y así lo creo en mi vaga esperanza por conservar la poca dignidad humana que a esta podrida sociedad queda, antes de que además de lo público perdamos la democracia cuando pase a formar parte privada de las empresas que derrocan, restituyen y dirigen gobiernos en beneficio oligárquico.
Y cuando esto ocurra, entonces la izquierda, como la derecha o el centro, ya no tendrán sentido cuando la espada totalitaria atraviese el escudo democrático hoy ya tocado esperando la muerte.

Fuente: JuanGalo.org


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